Friday, February 6, 2026

EL CALLEJÓN DE LOS DESTERRADOS


 

Por: 𝒢𝒶𝓈𝓉𝒶𝓃𝒹𝑜 𝒯𝒾𝓃𝓉𝒶 🖋️


En la política, como en la física, el vacío no existe; solo existen los cuerpos desplazados. Y hoy, el cuerpo político de Adán Augusto López Hernández flota en una gravedad que ya no le pertenece. El hombre que ayer era el gran arquitecto del consenso forzado, el que susurraba al oído del Olimpo tabasqueño, hoy ha sido enviado al exilio de los metros cuadrados.


No se equivoquen: en el Senado, la distancia entre el poder y el olvido se mide en pasos de alfombra.


La mudanza es una sentencia de desalojo. Sacarlo del núcleo de Morena para arrojarlo al "vecindario de los malditos" —entre las oficinas del PRI— es la forma más cínica que tiene la Cuarta Transformación de decir: "Gracias por los servicios prestados, la salida está a la derecha".


Lo enviaron a territorio de Alejandro "Alito" Moreno y Manuel Añorve. Es, por decir lo menos, una ironía de humor negro. Es poner al exdomador de la fiera a dormir dentro de la jaula del enemigo, sin látigo y con la puerta cerrada por fuera. El viernes, su nuevo despacho era el retrato de la derrota: puertas que se cierran temprano y un silencio sepulcral que solo se encuentra en las salas de espera de los hospitales o en las oficinas de quienes ya no tienen a quién llamar.


El poder es un amante caprichoso. Un día eres el operador indispensable, el que dobla voluntades en la penumbra, y al otro eres un nombre en una placa de acrílico flanqueada por priistas que te miran con la desconfianza del que sabe que, en ese pasillo, todos son fantasmas.


La reacción de "Alito" Moreno en redes no fue un posicionamiento político, fue un escupitajo al suelo. Un mensaje visceral que confirma que Adán Augusto ya no es el interlocutor temido, sino el blanco fácil. Cuando el rival te pierde el respeto, es porque sabe que tus propios aliados ya te soltaron la mano.


Lo que vemos es la canibalización del pragmatismo. En Morena, el que deja de ser funcional no se jubila: se le reubica en los márgenes hasta que el polvo de la indiferencia haga lo suyo. Adán no cambió de siglas, pero su código postal legislativo hoy grita lo que nadie se atreve a decir en el pleno: el sol ya no calienta por esos rumbos.


En el tablero de la Cámara Alta, las piezas se mueven con crueldad. Y Adán Augusto, el hombre que alguna vez creyó tener el mando del reloj, hoy solo es un inquilino incómodo en un pasillo que huele a naftalina y a revancha.


No comments:

Post a Comment

EL CALLEJÓN DE LOS DESTERRADOS

  Por: 𝒢𝒶𝓈𝓉𝒶𝓃𝒹𝑜 𝒯𝒾𝓃𝓉𝒶 🖋️ En la política, como en la física, el vacío no existe; solo existen los cuerpos desplazados. Y hoy, e...