Sunday, February 8, 2026

LA SALUD QUE INCOMODA A LOS DE SIEMPRE


 

Por: 𝒢𝒶𝓈𝓉𝒶𝓃𝒹𝑜 𝒯𝒾𝓃𝓉𝒶 🖋️

La política social en Tamaulipas dejó de ser un discurso elegante para convertirse en una práctica que molesta. Molesta porque se metió donde nunca entró el poder: a las casas, a los patios, a la vida cotidiana de la gente. Y cuando el gobierno federal toca la puerta, no para pedir votos sino para llevar salud, los de siempre se inquietan.


Las críticas no vienen del pueblo. Vienen de quienes durante décadas gobernaron desde escritorios lejanos, desde diagnósticos fríos y estadísticas maquilladas. Son los mismos que hoy levantan la ceja porque el programa Salud Casa por Casa rompió la comodidad de una política social diseñada para no ver, no escuchar y no incomodar.


Bajo la coordinación del delegado de Bienestar en Tamaulipas, Luis Lauro Reyes Rodríguez, el bienestar dejó de ser promesa y se volvió presencia. Presencia real. De esas que no se improvisan ni se simulan. Porque quien encabeza hoy esta estrategia no llegó desde la élite ni desde la burbuja del poder: viene del pueblo, conoce el abandono y entiende lo que significa que el gobierno llegue tarde… o no llegue nunca.


A algunos les incomoda incluso la forma. Se han detenido a criticar o imitar el sombrero, como si ahí estuviera el fondo del asunto. Pero acá, en el norte, se sabe bien quién usa el sombrero todos los días porque trabaja la tierra y camina el sol, y quién solo se lo pone para la foto. El sombrero no es adorno: es identidad. Y esa no se compra ni se improvisa.


Por eso este modelo funciona. Porque no se construye desde el discurso, sino a ras de suelo, donde están las necesidades reales. En cada visita médica hay algo más que una consulta: hay una Presencia que transforma, un mensaje político claro de que el gobierno federal volvió a mirar a quienes fueron invisibles durante años.


El programa no solo atiende cuerpos; repara una relación rota entre gobierno y sociedad. Adultos mayores, personas con discapacidad y familias olvidadas hoy reciben atención sin tener que mendigarla. Eso es lo que incomoda: que el bienestar dejó de ser privilegio y se convirtió en derecho ejercido.


La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo entendió algo que sus críticos nunca comprendieron: no hay transformación sin cercanía, ni justicia social sin presencia del gobierno federal en la vida diaria. Su política de atención humana y directa no es retórica; es una definición de gobierno que se ejecuta casa por casa, sin intermediarios ni simulaciones.


Por eso esto no se detiene. Porque no lo impulsa la inercia burocrática, sino una convicción política respaldada por una presidenta que gobierna con sensibilidad social y por un delegado que no necesita aprender qué es el abandono.


Los que hoy critican son los mismos que por décadas nunca voltearon a ver al pueblo. Y el pueblo lo sabe. Por eso, mientras unos opinan desde la comodidad, otros siguen tocando puertas, llevando salud y recordando una verdad incómoda para muchos: cuando el poder vuelve al origen, ya no hay marcha atrás.


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