La tensión al interior del Partido Acción Nacional en Tamaulipas dejó de ser un asunto de pasillos para convertirse en tema abierto. Esta vez, fue el diputado Vicente Verástegui quien, con lenguaje directo y sin matices, puso sobre la mesa lo que muchos dentro del panismo comentan en corto: la dirigencia estatal necesita relevo.
En una breve entrevista, el legislador no dudó en señalar que Luis René Cantú Galván, “El Cachorro”, debe dejar la presidencia del partido, al considerar que su ciclo está agotado. A su juicio, el momento exige un cambio que permita reagrupar a la militancia y recuperar el rumbo en un escenario político cada vez más adverso para el PAN en la entidad.
La crítica no se limitó a una sola figura. Verástegui también incluyó a Francisco Garza de Coss dentro de esta etapa que, dijo, debe cerrarse. Aunque reconoció que persisten relaciones de amistad y trabajo con distintos liderazgos, incluidos los vinculados al exgobernador Francisco García Cabeza de Vaca, dejó claro que la permanencia en la dirigencia ya no responde a las necesidades actuales del partido.
“Se tiene que ir”, insistió, al tiempo que subrayó que la decisión podría definirse en un plazo cercano. Más allá del tono coloquial de sus palabras, el mensaje tiene un peso político evidente: la inconformidad interna ha dejado de contenerse y comienza a expresarse públicamente.
El señalamiento ocurre en un momento en que el panismo tamaulipeco enfrenta cuestionamientos sobre su capacidad de organización y cohesión. Para algunos sectores, la dirigencia no ha logrado consolidar una estrategia que permita enfrentar con solidez los retos electorales venideros.
Incluso, la frase con la que remató —“nunca creció”— refleja una percepción crítica sobre el desempeño del actual liderazgo, abriendo la puerta a una posible reconfiguración interna.
Así, el PAN en Tamaulipas entra en una fase donde las definiciones parecen inevitables. Las declaraciones de Verástegui no solo evidencian el desgaste, sino que anticipan un movimiento que podría redefinir el equilibrio de fuerzas dentro del partido. Porque cuando las diferencias se expresan en público, el margen para sostener el statu quo simplemente se reduce.

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