En la política social no hay lugar para la simulación. O se gobierna desde el escritorio o se pisa el territorio. Bajo esa premisa, el delegado de los Programas Federales en Tamaulipas, Luis Lauro Reyes Rodríguez, encabezó una reunión estratégica con coordinadores de los distintos Programas Bienestar y directores regionales, en un intento por cerrar filas, ordenar la operación y reforzar la presencia institucional donde realmente importa: en las comunidades.
Lejos de un ejercicio meramente formal, la reunión tuvo un objetivo puntual: alinear esfuerzos, corregir inercias y asegurar que los programas sociales conserven su razón de ser, alejados del asistencialismo burocrático y más vinculados a las necesidades reales de la gente. Bajo esa lógica, el territorio vuelve a colocarse como el principal escenario de acción del Estado.
El ejercicio responde a una visión de humanismo público que, desde la Presidencia de Claudia Sheinbaum, busca que la política social no pierda su brújula ética ni su sentido social. En Tamaulipas, esa narrativa se traduce en una Presencia que transforma, una forma de entender el poder no como distancia, sino como cercanía y responsabilidad.
Luis Lauro Reyes Rodríguez insistió en que la organización interna no es un fin en sí mismo, sino una condición indispensable para que los programas lleguen completos, sin intermediarios y con eficiencia a cada rincón del estado. La consigna es clara: menos discurso y más resultados medibles en la vida cotidiana de las familias.
“Seguimos a la orden del pueblo”, resume una postura política que, en el actual contexto nacional, busca diferenciarse del pasado: servir desde abajo, con estructura, compromiso y una relación directa con la población. En Tamaulipas, al menos en el papel y en el territorio, la apuesta está hecha.

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