En el Congreso de Tamaulipas se ha encendido un debate que toca fibras sensibles: quién tiene derecho a ejercer el periodismo y bajo qué condiciones. La diputada de Morena, Cynthia Lizabeth Jaime Castillo, ha puesto sobre la mesa una iniciativa que, bajo el argumento de dignificar la profesión, abre la puerta a cuestionamientos de fondo sobre libertad de expresión, autorregulación y el papel de los nuevos medios.
La propuesta plantea la creación de un Colegio de Periodistas de Tamaulipas, concebido como un organismo autónomo —sin intervención gubernamental ni facultades sancionatorias— donde el propio gremio establezca reglas, códigos de ética y mecanismos internos para ordenar su ejercicio. Entre sus herramientas destacan las “Recomendaciones Éticas” y el llamado “Extrañamiento Público”, figuras sin efectos legales que, según la legisladora, buscan orientar sin vulnerar derechos.
Sin embargo, el punto más controvertido no está solo en la estructura, sino en el discurso que acompaña la iniciativa. La afirmación de que “hoy cualquiera con un teléfono se dice periodista” ha sido interpretada por diversos sectores como un señalamiento directo hacia los comunicadores digitales y reporteros empíricos, quienes han ganado terreno en la era de las redes sociales y la inmediatez informativa.
Jaime Castillo sostiene que su propuesta surge tras escuchar a periodistas preocupados por la desinformación y la pérdida de credibilidad, y niega cualquier intención de censura. Asegura que el objetivo es generar un equilibrio entre libertad de expresión y responsabilidad informativa, así como reconocer la trayectoria de quienes han ejercido la profesión con ética.
No obstante, las críticas no se han hecho esperar. Para muchos, la iniciativa corre el riesgo de convertirse en un filtro excluyente, particularmente si se fortalece la idea de exigir formación académica como requisito implícito para el reconocimiento profesional. En un país como México, donde el periodismo se ejerce muchas veces en condiciones adversas, la experiencia y el trabajo en campo han sido históricamente tan valiosos como la formación universitaria.
El trasfondo del debate es más amplio: la tensión entre un modelo tradicional del periodismo y la irrupción de plataformas digitales que han democratizado la información, pero también amplificado los desafíos en materia de veracidad y ética.
Por ahora, la iniciativa ha sido turnada a las comisiones de Estudios Legislativos Segunda y de Derechos Humanos, donde será analizada. Ahí se definirá si el proyecto logra conciliar las preocupaciones legítimas sobre la calidad informativa con la defensa irrestricta de un derecho fundamental: el de informar y ser informado.
En ese equilibrio —delicado y necesario— se juega no solo el futuro de una iniciativa, sino el rumbo del ejercicio periodístico en Tamaulipas.

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