El arranque fue en Tlaxcala, pero el mensaje es nacional. Desde Huamantla, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo puso en marcha el primer Polo de Desarrollo Económico para el Bienestar (PODECOBI), una de las apuestas centrales del llamado Plan México para detonar crecimiento con enfoque regional.
La inversión —540 millones de dólares en 53 hectáreas— no es menor. Tampoco lo es la promesa: más de 5 mil empleos directos e indirectos. Pero el énfasis del gobierno no está únicamente en la cifra, sino en el tipo de desarrollo que se pretende construir: uno que combine capital, infraestructura y política social.
“Más producción en el país y mayor bienestar para la gente”, sintetizó la mandataria. La lógica es clara: reducir la dependencia de importaciones y fortalecer la industria nacional bajo la marca “Hecho en México”, en un momento donde las cadenas globales se reacomodan y México busca posicionarse como nodo estratégico.
El diseño de los PODECOBI apunta a algo más que parques industriales. Se trata de espacios con servicios integrales: vivienda, escuelas, transporte y condiciones que hagan viable no solo la inversión, sino la vida cotidiana de quienes trabajarán ahí. En teoría, una fórmula para evitar los desequilibrios que históricamente han acompañado al crecimiento industrial.
En ese frente, el secretario de Economía, Marcelo Ebrard Casaubon, subrayó que este primer polo marca el ritmo para los otros 14 proyectados en el país, varios de ellos en el sur-sureste, región que el gobierno busca impulsar con mayor intensidad.
Desde el ámbito estatal, la gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros ve en el proyecto una oportunidad para consolidar a la entidad como destino de inversión, respaldada —dijo— por la confianza de empresas que ya han comprometido capital.
El gobierno federal sostiene que el contexto acompaña: estabilidad del peso, incremento en turismo, crecimiento en ventas automotrices y una inflación contenida. Un escenario que alimenta el optimismo oficial para 2026.
Sin embargo, más allá del discurso, el verdadero reto está en la ejecución. Que estos polos no se conviertan en enclaves aislados, que el empleo sea de calidad y que el beneficio alcance a las comunidades.
El PODECOBI de Huamantla es el punto de partida. El Plan México, en cambio, es una apuesta de largo alcance que apenas comienza a medirse en el terreno. Porque si algo ha enseñado la historia económica del país, es que el desarrollo no se decreta: se construye, o se queda en promesa.


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